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   CULTURA CHINA

MI VIAJE A CHINA

(ALGUNAS NOTAS SOBRE MI ESTANCIA EN CHINA EN EL AÑO 2002)

Como he dejado pasar demasiado tiempo y mi memoria no es buena, de entrada me limitaré a comentar mi primera impresión sobre China, la estancia de los primeros días en Beijing, y nuestra estancia en Wudang Shan, las famosas montañas sagradas taoístas

ADVERTENCIA: Hay algunos comentarios escabrosos que pueden herir la sensibilidad de la gente. A parte de esto, puede parecer que os intente disuadir de viajar a China, pero no es así. Sin embargo, creo que hay que conocer también las dificultades que -quizás- nos podemos encontrar, ya que normalmente se habla de lo bonito que es y lo bien que se lo pasa uno allí, pero yo, para equilibrar, añado la parte "yin" del viaje, ya que sobre la parte "yang" o agradable, ya hay bastantes cosas dichas, así uno no se encuentra con el chasco por sorpresa. Claro está, que lo que relato es un único viaje, hecho en unas circunstancias determinadas, no viajando del todo como turista, por lo menos como turista occidental. Seguro que si vais con agencia de viaje y en hoteles lujosillos, no os encontraréis con muchas de las dificultades que cuento.

LA VIDA EN PEKIN (BEIJING)

El aeropuerto: Tras interminables e incómodas (y frias) horas en el avión, medio dormida arrastré mi maleta por el aeropuerto, que me pareció bastante espartano y curiosamente silencioso. Un familiar de Zhang nos vino a buscar al aeropuerto y tomamos un autobus hasta Beijing, donde luego tomamos un taxi hasta el piso que nos dejaban. La primera sensación fue de sopor: un calor bochornoso e insoportable, sensación acrecentada por el contraste de temperatura con la del avión, que, aunque era Agosto, requería abrigarse con mantas por lo fuerte que tenían el aire acondicionado. Así pues, el primer impacto fue puramente físico. Como iba bastante "grogui" por no haber dormido y los desbarajustes de comida y horarios, no pude notar con claridad la emoción de estar por primera vez en China.

Dentro del aeropuerto era todo bastante silencioso y no había demasiada gente, pero al pasar los trámites y salir, ya parecía otro mundo: ruidos, gente, bullicio. El dia estaba nublado, cosa que se repitió durante 20 dias consecutivos. A decir verdad, no se exáctamente si estaba nublado o era pura contaminación. Todo me pareció gris y polvoriento. Definitivamente necesitaba un descanso.

El apartamento: El trayecto hasta el piso fue largo, cosa que es normal ya que Beijing es inmensamente grande. Si no recuerdo mal, tras el recorrido del autobus, que no se cúanto tiempo fue, pero también se hacia largo, aún estuvimos como una hora, en taxi, hasta llegar a un barrio, normal y corriente, meternos tras una verja y buscar el edificio donde estaba nuestro piso.Habían como 5 pisos, sin ascensor (a 37º y con maletas!) El edificio no me pareció precisamente bonito: hormigón gris, ventanas y puertas de hierro oxidado, la escalera de lo más austera, no es que estuviera muy sucia, pero estaba sin pintar (o lo parecía), osea, también gris. Pero yo lo único que quería era una cama... por fin llegamos al piso, abrieron la puerta y no supe que cara poner cuando ví que allí tenía que pasar bastantes días. Era algo muy diferente a lo que me había imaginado, pero eso era justamente una vivienda media, de clase media, como las hay a cientos, (o a miles) en Beijing. Eso era Beijing, y así vivían sus gentes. De hecho, en cierto sentido, tener un piso así era una gran suerte. En realidad hay mucha gente que no podía disfrutar de ese nivel. ¿cómo era el piso?: un recibidor, un cuarto de baño, una gran habitación que daba a una galería, con grandes vidrieras, otra habitación más pequeña, un salón y una cocina. La cuestión es que estaba todo destartalado, abandonado, en fin no se como definirlo. Recuerdo los toldos, colgando a jirones. Muchas cosas rotas, por ejemplo, las ventanas, de hierro, difíciles de encajar, con las que había que tener cuidado de no dañarse, los grifos envejecidos, la cocina, muy económica. En fin, no continúo. El concepto que tenemos en España de "nuestro hogar" y el chino, es totalmente diferente. Pero pienso que seguramente los extremos climáticos de Beijing tienen mucho que ver con el deterioro, por lo menos externo, de sus edificios.

De entrada, puede parecer una ciudad sucia, pero es por el polvo, la contaminación, y la dejadez generalizada en cuanto al mantenimiento de las casas y las cosas, pero si te lo miras bien, hasta hay menos basura en las calles que en Barcelona.

Tráfico, urbanismo y arquitectura: La estancia en Beijing me proporcionó la primera oportunidad de contrastar la vida en España con la de allí. A parte de la gran diferencia climática, con una temperatura mucho más drástica y más seca, con el aire lleno de polvo y contaminación, y sin ver claramente el sol, también está la diferencia arquitectónica y urbanística. Edificios muy grandes y muy parecidos, generalmente cubiertos con baldosas rectangulares blancas, en vertical, que como es natural se convierten al poco tiempo en grises. Puertas y ventanas metálicas que, como es natural, se oxidan en poco tiempo. Cosas rotas por todas partes. También hay que decir, que sobre todo en el centro, hay edificios modernos espléndidos y colosales que además, conservan un poco el estilo oriental.

Una característica curiosa es la celeridad en la realización de obras. Cuando llegamos a Pekín, pasamos por una calle donde había una inmensa explanada en la que empezaban a hacer obras, por lo visto una zona de parque con varios edificios quizás tipo polideportivos o algo así. Pensé que si volvía en un par de años, quizás podría darme una idea de los que iban a construir allí, cual sería mi sorpresa cuando, al cabo de un mes o poco más, al volver a pasar por allí, vi las construcciones ya bastante avanzadas, que, por otro lado, pintaban bastante bien. La cruz está en que, por lo menos en parte, el ritmo tan rápido se debe a los horarios de trabajo, que son casi ininterrumpidos: Cuando nos alojamos en un hotel más o menos céntrico, tuvimos que soportar los ruidos de las obras, y las vibraciones a todas horas, incluyendo altas horas de la madrugada.

El tráfico, también como es natural, por lo menos en otros paises del tercer mundo que he visitado, es caótico. Cruzar las calles es toda una aventura a veces, porque no hay tantos semáforos como serían necesarios, y porque hay que espabilarse sorteando coches, bicicletas, carros y cualquier otro objeto en movimiento que aparezca, y como son muchos, hay que tener buenos reflejos... y piernas. De accesibilidad, nada. Las calles no están pensadas precisamente para los peatones.

La comida: Por otro lado estaba la comida. Que podía variar entre rica, rica, de chuparse los dedos, y mortalmente picante, o bien "!guaj, cielos que horror!" pero era sorpresa. Eso sí, una variedad que no he visto en mi vida. Me quedé con las ganas de probar la serpiente. El desayuno era quizás especialmente problemático. Muchas veces lo hacíamos en el mismo hotel donde estuvimos bastante tiempo. Como todos los demás chinos (allí yo era la única extranjera) desayunábamos verduras encurtidas, bollitos al vapor u otros productos harináceos fritos, sopas de maiz o arroz o de otra cosa, y, eso, sí, nunca faltaban un par de huevos duros por persona.

Los lavabos: Si fuera del hotel te viene una necesidad, por ejemplo en unos grandes almacenes o librería o bien simplemente en la calle, puedes encontrar lavabos, eso no es problema. En la calle son públicos y creo recordar que había que dejar una propinilla, como los pocos que quedan en España. Pero por supuesto, no huelen a rosas... Lo más curioso de todas formas, es la carencia de puertas. Así en muchos sitios, -sin ir más lejos, en esas famosas y grandes super-librerías del centro- al entrar a los aseos de señoras y escoger uno de ellos, no importa lo que vayas a hacer, siempre estarás expuesta a la mirada de las otras damas que crucen por delante. Bueno, tampoco es que se te queden mirando delante, claro está, pero esos escrúpulos que tenemos por aquí, no se llevan. Naturalmente, en cuanto al papel higiénico, cada uno ha de llevar el suyo.

Recuerdo mi visita al lavado, en una parada que el autobus hizo durante el viaje a Wudang, que explico más abajo. Era de noche, prácticamente. Por fortuna iba bien provista y llevaba una linterna. En el bar donde paramos a cenar, un típico bar de carretera, el lavabo estaba fuera del recinto. No recuerdo muy bien si había dos o sólo uno para ambos sexos. Era un pequeño cubículo con tres paredes de cemento, y un suelo que tenía un agujero en su centro, donde había que hacer las necesidades. Era muy natural... todo se reciclaba solo... depositabas allí tus "cosas" y luego eran los gusanos y otros bichos los que se encargaban de reciclarlas. Claro que si eras amante de los animales, debías tener cuidado de no pisotear los que por allí estaban haciendo su trabajo. De todas formas, yo no tenía otra opción, o aquello o reventar!, así que adiós escrúpulos supérfluos.

Los escupitajos: Una costumbre extremadamente extendida entre los chinos, sobre todo los hombres, es aclararse la garganta...expulsando las mucosidades molestas hacia el suelo. Por eso hay que tener cuidado de no resbalarse, así como de que cuando se te cae algo al suelo mirar que no haya ido a parar encima de alguno.

Los taxis y "otros medios de transporte": Los taxis son bien curiosos. Para evitar los atracos, están dotados de unas separaciones metálicas y plásticas que aislan el conductor del resto de los pasajeros, y generalmente éstos se suelen sentar delante, al lado del conductor, cuando sólo va una persona, no atrás como lo hacemos en España. Así es más fácil entablar conversación, y si te ves en un pequeño atasco de dos horas en una de las arterias principales, puedes entablar amistad con el chófer. Otra diferencia es que encontrar un taxi, no es una tarea tan difícil como, sobre todo, en algunos sitios de Barcelona, o por lo menos eso me pareció a mí.

Además de taxis, que generalmente se toman para hacer recorridos más o menos largos, existen otros vehículos, algunos motorizados y otros no, que son de tres ruedas y no están tan cubiertos por la carrocería. Si uno se tiene que trasladar por el barrio, puede ir bien, ya que como las distancias allí son enormes, el ir al mercado puede ser una tarea agotadora, tanto por la distancia como por la carga que hay que llevar de vuelta tras las compras. En esos casos, al coger uno de esos vehículos, es conveniente concertar de antemano el precio que nos van a cobrar por el trayecto. Ciertamente, si uno tiene escrúpulos, sentarse "cómodamente" mientras un pobre hombre, que igual ya está entradito en años, lo lleva a uno pedaleando y sudando, te hace sentir un poco como un señor feudal, pero es su medio de trabajo.

Los coches particulares: ¿qué pensábais, que por ser un pais del llamado tercer mundo, o por ser un país comunista no hay apenas coches?, pues nada de eso. Por haber, igual hasta hay más que aquí, a juzgar por las colas kilométricas en plena ciudad, con atascos que a veces duran horas.

Los autobuses y el metro: Como se puede imaginar, los autobuses de Pekín, que son innumerables, son más modestos que los de Barcelona, en cambio, no están tan maltratados por los usuarios. Es decir, carecen de grafitis u otro tipo de vandalismos a los que sí se hallan sometidos los transportes en España; en el metro también es así. Los autobuses suelen ir abarrotados, a pesar de que es un medio lento, dado el caos circulatorio y las enormes distancias de la ciudad. Por eso mismo no esperemos que el autobus nos deje cerca de donde realmente queremos ir, sino que tendremos que andar bastante, a no ser que tengamos la suerte que el lugar pille cerca de la parada. Los billetes se compran dentro. Hay dos puertas para acceder, una delante y otra detrás, la puerta central es para bajar del autobús. En las dos puertas de acceso hay dos cobradores, muchas veces chicas, que van anunciando "mai piao, mai piao" (billetes, compren billetes). El precio del billete depende del trayecto que queremos realizar, mientras más largo, más caro. Podemos pedirle a la cobradora que nos avise antes de llegar a la parada en que queremos bajar, en chino, claro, o también enseñándole un papelito con el nombre escrito (también en chino) Cuando nosotros estuvimos, las cobradoras ejercían un papel activo en la captación de viajeros, alentando a la gente a subir y haciendo esperar al conductor cuando veían a alguien con intención de hacerlo. Tengo entendido que por aquel entonces quienes se encargaban del autobús podían llevarse una comisión si superaban un mínimo establecido de billetes. No se si actualmente sigue en marcha el tema.

En cuanto al metro, a grandes rasgos viene a ser como el de aquí, tanto en rapidez, frecuencia y disposición de los vagones. En cada parada se anuncia el nombre de la misma en chino y en inglés. Los billetes se compran en taquilla, generalmente haciendo un poquito de cola. No hay billetes multiviaje, así que puede ser interesante comprar varios billetes, para ahorrar tiempo si queremos hacer varios viajes. Tras comprar el billete, debemos entregárselo a los revisores que están a la entrada. No hay demasiadas líneas, me parece recordar dos o tres, por aquel entonces, pero tienen muchas paradas, que también están bastante distantes entre si.

La estación de tren: Teníamos que ir a comprar billetes de tren para nuestro próximo viaje, así que tuvimos que ir con suficiente antelación para sacarlos en la estación de tren, tarea que no es nada fácil, pues hay que estar pendiente de cúando salen a la venta, y en seguida plantarse allí, haciendo unas colas interminables, apretujado con un mogollón de chinos, hasta por fin conseguir llegar a la taquilla y tener suerte de que no se hallan acabado ya, aunque te hayas presentado allí nada más conocer la noticia de que se acaban de poner a la venta. Y es que en China hay muchos chinos...que viajan. A la hora de tomar el tren, tampoco es que sea muy cómodo el acceso. Interminables escaleras que suben y bajan hasta llegar a los arcenes. Eso, tras haber superado otras interminables colas enormes, de pie, para poder entrar a los andenes. Al llegar, a la estación, eso sí, hay alguna que otra escalera mecánica, pero pronto se acaban.

Telefonear: Una grata sorpresa es que las llamadas locales son gratuitas. Otra costumbre es comprar tarjetas tipo pre-pago, que sirven en muchas partes, tanto en cabinas, hoteles, etc.

El agua: La calidad del agua, en Pekín, no es que sea mala exactamente, sobre todo si la comparamos con la de Barcelona, el único problema es que SIEMPRE hay que hervirla primero, de lo contrario te arriesgas a coger cualquier cosa. Aunque yo siempre me lavaba los dientes con agua del grifo, sin hervir, y no me pasó nada. Por otro lado, muchas veces ponen los platos recien enjuagados y sin secar, es decir, con bastantes restos de agua...sin hervir. Para apañárselas, en muchos hoteles tienen unas jarras eléctricas donde puedes hervir el agua que necesites. También en muchos sitios, como por ejemplo, bancos, tienen depósitos de agua ya hervida, donde te puedes servir con vasitos de plástico. Generalmente hay dos grifos: uno para servirse agua fría y otro para la caliente, ya que allí sí acostumbran a tomar agua sola caliente, y cuando dijo caliente, no digo templada, sino realmente muy caliente. Incluso en el idioma se contempla esta necesidad de hervir el agua, ya que generalmente se refieren al agua normal y corriente como "kai shui", que literalmente quiere decir "agua hervida" o quizás más bien, "agua hirviendo" a juzgar por lo que siempre te ponen.

Los animales de compañía: No se los comen. Lo digo para los que piensan que en China se come todo. Quizás no esté tan extendido como en Barcelona, la tenencia de animales de compañía, pero al igual que aquí, hay tanto perros como gatos. Desconozco si también crian hurones, chimpancés o arañas, como algunos por aquí. Lo que si que no hay son perros grandes, ya que hay una ordenanza que prohibe la tenencia de animales de un cierto tamaño. Lo que no recuerdo es haber visto cacas de perro por las calles, cosa curiosa.

Las tiendas y el comercio: conviven almacenes enormes y grandes complejos comerciales que ya querríamos por aquí, como tiendecitas más modestas, chiringuitos, y puestos callejeros. Aún no existe tanto la moda de "usar y tirar", por lo que puedes encontrar muchos sitios donde remiendan cosas que aquí sería impensable plantearse siquiera reparar e irían directamente a la basura. Además los precios son realmente bajos, por supuesto, ya que si no, no valdría la pena reparar. El mercado del barrio donde vivíamos estaba en una explanada, sin asfaltar, polvorienta, con basuritas y socabones pequeños, pero había de todo y era bastante barato.

Los bares y restaurantes: Nosotros solíamos ir a restaurantes con local, es decir, no comíamos en los chiringuitos callejeros, porque incluso para Zhang, era más seguro por cuestiones higiénicas, así que no puedo confirmar si realmente comiendo en uno de esos puestos baratos, con mesas y sillas en la misma calle, te cojen diarreas o no.

Hay algunos restaurantes donde disponen de peceras, unas encima de otras, donde puedes escoger el pescado que te quieres comer. Generalmente, suelen ser de rio, ya que los de mar no les gustan tanto, pues dicen que tienen demasiado sabor marino y encuentran los de agua dulce más delicados (no se si en las zonas costeras piensan lo mismo)

Si se va en grupo, se acostumbra a pedir para todos, a diferencia de aquí, que cada uno pide lo que a uno le apetece y va a comer. Suele haber alguien que se encarga de elegir, bajo consenso. Se aprecia la variedad, por lo que no se limitan a primer plato, segundo y postre, sino que se parece más bien a un "pica-pica", pero con más cantidad, y otra cuestión es las mezclas, ya que es perfectamente normal, por ejemplo, comerse unos bollitos dulces, antes, después o al mismo tiempo que un plato de carne, pescado o verduras picantes. El picante, otra cuestión. Incluso yendo con Zhang, no había manera de tener la certeza de que el plato que me iban a servir no era picante, incluso explicando que la situación de mi estómago era un tanto delicada; y eso que no estuvimos en Sichuan!

Bares, bares, lo que se dice bares... pues no vi. No se estila. No es como aquí, que en cada esquina hay uno, por lo menos. Lo de los bares está más asociado a las bebidas alcohólicas (¡"y al puro vicio"!) En su lugar, están los restaurantes que hacen las veces de bar. Es como que allí, más bien, se da más importancia a la comida que a la bebida. Por cierto, también hay "McDonals" y muchos, además. Si quieres quedar con alguien, pues quedas en un restaurante, o sino, en un hotel, hagas una comida formal, o no.

Seguridad: Me atrevería a decir, que dentro de lo que cabe, China es un lugar bastante seguro (por lo menos, los lugares que he visitado). Claro que como occidentales, somos un blanco más fácil de detectar y apetitoso para los cacos, y también hay crimen organizado y cosas de esas que se ven en la tele. Por fortuna, en ningún momento nos pasó nada. Ciertamente, algún que otro día que me quedé sola y salí, me daba bastante corte, por ser consciente de mi diferencia y vulnerabilidad, pero la gente con la que contacté fue amable conmigo, aunque chapurrear chino, es toda una ventaja, así como mostrarse con un carácter modesto y prudente.

La discriminación económica: Me refiero, hacia los extranjeros. Aunque cada vez se va suavizando, lo cierto es que aún se marcan bastante las distancias. Por ejemplo, hay muchos hoteles donde no está permitido admitir a extranjeros. También hay diferencias en los precios que pagamos y los que pagan los chinos, aunque no ocurre en todas partes.

La actitud hacia los extranjeros: Suele ser buena, la lástima es el problema con el idioma, así como algunas costumbres culturales que desconocemos y no nos dejan apreciar la cordialidad real de la gente.


Como cuando fui no disponía de una cámara digital y tampoco tenía previsto hacer ninguna web, no tengo demasiadas fotos ni son muy buenas las que hay. Tampoco se corresponden con los apartados de al lado, pero es de lo que dispongo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Aspecto parcial de un barrio de Pekin, tocando las afueras, donde se han construido viviendas de una cierta categoría. Es donde vive el maestro Wei Shu Ren

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En un restaurante más o menos céntrico de Pekin, de nivel medio. Obsérvese la sopa en forma de yin-yang.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Tian Tan (Palacio del Cielo) Antiguamente, el maestro Feng Zhi Qiang enseñaba tai-chi en los jardines de este parque.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un ciudadano en la Plaza Tian An Men, portando una cometa. Es un lugar donde se reúne mucha gente para hacerlas volar, como distracción habitual.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dormitorios de los monjes taoístas del Bai Yun Guan (Templo de las Nubes Blancas)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fachada de una casa de te en el Yi He Yuan

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Interior de un palacio en la Ciudad Prohibida.

Como podéis deducir por muchos de los comentarios, la primera impresión que me llevé de China, no fue precisamente agradable. Pero puedo adelantaros que con el paso del tiempo, me acostumbré y al final no sólo no quería regresar a España, sino que quería comprarme un piso allí (¡los precios de los pisos son mucho más baratos!)

Nuestro primeros días transcurrieron intentando superar la diferencia horaria y poca cosa más por mi parte. Como no íbamos exactamente en viaje de turismo, acompañé a Zhang a realizar gestiones diversas y a conocer a su familia y a algunos maestros de tai-chi chuan. De monumentos nada, aunque si que estuvimos en varias librerías, mucho más grandes que la más grande de Barcelona, en bancos, hospitales, correos, casas, mercados, en un barrio donde venden ordenadores, en alguna empresa, en unos cuantos restaurantes. También estuvimos en el templo taoísta de Las Nubes Blancas (Bai Yun Guan), en la estación de tren... Vaya, haciendo una vida normal. Eso me permitió estar en contacto con gente china, por lo que me considero afortunada. Aunque el clima y las condiciones ambientales me eran adversas, lo compensaba la gran acogida que me dieron los chinos que conocí.

Aquí podeís visitar este enlace de un blog de una asturiana que, con 18 años, sin saber chino ni inglés, se fue a Taiwan a casarse con un chino al que conoció durante muy poco tiempo. Podéis ver el choque cultural, las diferencias, etc. Es muy interesante:

http://www.blogs.ya.com/autobiografia/200503.htm

 

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